AXIS
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Delhi Crime: entender la importancia de investigar y juzgar con perspectiva de género

Martha Leticia Mercado Ramírez
Tribunal Electoral de la Ciudad de México

En el año 2012, ocurrió ante los ojos del mundo entero una de las mayores abominaciones que hemos tenido por desgracia ser testigos: seis hombres, entre ellos un menor de edad, llevaron a cabo una violación colectiva al sur de Nueva Delhi, India, dejando una huella imborrable en la historia de la humanidad por la brutalidad y crueldad con la que se llevó a cabo. La víctima, Jyoti...

En el año 2012, ocurrió ante los ojos del mundo entero una de las mayores abominaciones que hemos tenido por desgracia ser testigos: seis hombres, entre ellos un menor de edad, llevaron a cabo una violación colectiva al sur de Nueva Delhi, India, dejando una huella imborrable en la historia de la humanidad por la brutalidad y crueldad con la que se llevó a cabo. La víctima, Jyoti Singh, joven estudiante de medicina, perdió la vida días después del crimen debido al linchamiento que sufrió aquella noche en un autobús de regreso a su casa.

Inspirada por estos eventos, surge en plataformas digitales la serie de siete episodios Delhi Crime (Richie Mehta, 2019), la cual proyecta de manera realista los eventos posteriores que tuvieron lugar a la terrible violación y muerte de la joven.

La importancia de algunos temas que toca esta serie a lo largo de sus capítulos refleja aspectos importantes a considerar en el encauzamiento judicial de un crimen de esta magnitud. La serie comienza poniendo en el centro del debate los espacios de desenvolvimiento profesional, la fuerza y seguridad pública, dejando ver la inclusión de las mujeres en estos temas en donde los hombres han tenido históricamente muchos más espacios de oportunidad.

Este monopolio de espacios en la policía de la India juega un papel importante según se describe en la serie, ya que resaltan dos mujeres en específico que le dan un giro inesperado a la historia, debido al empuje de una investigación con un enfoque de género distinto.

Me parece de suma importancia resaltar la gran importancia que tiene en una investigación tan relevante como la que se analiza en materia de perspectiva de género. Esta parte es central en la narración de la historia, pues evidencia una serie de aciertos y errores, en los cuales resulta imprescindible hacer este tipo de trabajos complejos con un toque de sensibilidad humana que llegue transversalmente a todos y cada uno de los encargados de buscar, invocar y ejercer justicia.

Esto no resulta ser poca cosa; el dolor y sufrimiento humano que causó este evento se retrata de manera cruda en el desenvolvimiento de esta historia. La búsqueda de respuestas conlleva eventualmente a la frustración y desesperanza.

Cualquier acto judicial que conlleve la investigación en escenarios tan delicados como este, deben ir aparejados necesariamente con un enfoque y perspectiva que permita un mejor desenvolvimiento en la búsqueda del esclarecimiento de hechos. La condición desfavorable que se vive siendo mujer, permite que pervivan arraigados problemas de estructura social que tienen lugar todos los días a toda hora.

La serie coloca en el centro de la discusión las oportunidades que brindan la equidad e igualdad sustantiva, como herramientas indispensables para el cumplimiento de objetivos en el terreno de las garantías de las mujeres.

La implementación de metodologías que tengan como finalidad guiar la correcta y eficiente valoración de investigar y juzgar con perspectiva de género, sustentan las constantes afirmaciones de que la visualización de contextos con tal perspectiva cuando es necesaria le da una vuelta total a la manera de ver las cosas.

Esta serie, aparte de ser impactante, resalta estos roles de manera precisa, es decir, no trata el hecho delictivo como un delito más, sino como una investigación que necesita ser abordada en contextos diferenciados.

Sin duda merece un espacio de reflexión derivado de la complicada realidad que vivimos y las batallas constantes que no solo permiten visibilizar problemas, sino también atenderlos de manera real.

 

Martha Leticia Mercado Ramírez es magistrada del Tribunal Electoral de la Ciudad de México

 

 

 

 

Fecha de publicacion: 13 de abril de 2021 10:00:00 hrs.

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Motezuma: la febril interpretación de Vivaldi sobre la Conquista

José Ramón Narváez Hernández
EJE

América es una invención, es una enorme ficción, su creación corresponde a siglos de narrativas fantasiosas, de cartógrafos, viajeros, conquistadores, historiadores, cronistas, literatos y otros pensadores que desconfiaron del nivel de civilización y abonaron a leyendas sobre su prodigalidad, sensualidad, bastedad y diacronía. Uno de los primeros pensadores en expre...

América es una invención, es una enorme ficción, su creación corresponde a siglos de narrativas fantasiosas, de cartógrafos, viajeros, conquistadores, historiadores, cronistas, literatos y otros pensadores que desconfiaron del nivel de civilización y abonaron a leyendas sobre su prodigalidad, sensualidad, bastedad y diacronía. Uno de los primeros pensadores en expresarlo de manera prístina fue Edmundo O’Gorman, quien tomando de base textos como La disputa del Nuovo Mondo. Storia di una polémica de Antonello Gerbi, (Milano-Napoli, 1955), The Aztec Image in Western Thought de Benjam’n Keen, (New Brunswick, 1971) y The First Images of America. The Impact of the New World on the Old de Fredi Chiappelli (Berkeley, Los Ángeles-Londres, 1976) dio un giro a la idea sobre el Descubrimiento.

Por ejemplo, pudiéramos leer el propio Descubrimiento como una “exageración” del mismismo descubridor: en su segundo viaje Colón, que pensaba que su teoría sobre el haber llegado a Asia podía estar equivocada, tuvo la idea de elaborar un documento jurídico en el que la tripulación testificara bajo juramento que lo explorado era demasiado extenso para ser una isla y los obligó a decir que “…antes de muchas leguas, navegando por la dicha costa, se hallaría tierra donde tratan gente política, y que saben del mundo” los recibió, tenía que trasladar sus “deseos” a la realidad que miraba y trató de ajustarla a sus propias necesidades para justificar su empresa, es decir, no perder su trabajo. Tanto aspiraba Colón a confirmar sus sesgos cognitivos que generó una cleptomnesia: él mismo rellenó los huecos que le hacían falta a su historia, los habitantes de la isla que llamó Trinidad por su color piel quizá eran los descendientes de los habitantes del paraíso terrenal que algunos historiadores habían situado en la parte geográfica en la que Colón creía estar.

Esto no sólo le pasó a Colón, les pasó a casi todos los europeos, a los que vinieron y a los que se quedaron; la imaginación pobló los relatos de los pensadores del siglo que confundieron –como buenos alquimistas, diría Yates– la realidad con la ficción. Este es el caso de Vivaldi para quien Moctezuma y Cortés emparentaron y la Conquista de México se resolvió a través de un matrimonio.

La noche del 14 de noviembre de 1733, en el Teatro Sant’ Angelo de la ciudad de Venecia, se presentó con bombo y platillo la ópera compuesta por el monumental e insigne violinista, sacerdote y compositor italiano Antonio Lucio Vivaldi, el interés del músico por Tenochtitlán y el Nuevo Mundo era de todos conocido.

Vivaldi encarga al escritor veneciano Alvise Giusti redactar el libreto de la ópera y sabemos que Giusti se basó en la popular Historia de la conquista de México de Antonio Solís y Rivadeneyra, publicada en 1684 en Madrid y que muy pronto tuvo traducción al italiano.

En la historia Moctezuma está más preocupado el casorio de su hija que por el futuro de su pueblo. Al final, pierde su poder y su patria como en una tragedia griega ante la astucia, nobleza y valentía de Fernando Cortés. La ópera Motezuma, dividida en tres actos, resultó aburrida para el público de la época, desapegada a la historia con personajes como Teutile y Mitrena (supuestas hija y esposa de Moctezuma), Ramiro (hermano de Cortés) y Asprano un general azteca.

Recientemente, se han llevado a cabo nuevas puestas en escena, una en particular hace unos insertos que sirven dialécticamente para aclarar al espectador las inconsistencias de la historia original, una especie de reapropiación que pudiera resultar interesante para poder reflexionar sobre este hecho de nuestra historia; aquí el enlace.

 

José Ramón Narváez Hernández es profesor-investigador de la EJE

 

La ilustracion que acompaña a esta entrada es la carátula del libreto de Motezuma (1733) de Vivaldi; pertenece al dominio público.

 

 

Fecha de publicacion: 12 de abril de 2021 10:00:00 hrs.

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Retos de la justicia electoral mexicana

Irving Olvera Valdez
Invitado

La labor en materia político-electoral que desde 1996 hasta ahora han realizado las autoridades jurisdiccionales y administrativas ha sido de suma relevancia para la democracia mexicana. También, en ese sentido, debemos mencionar a los legisladores federales, pues han sido sensibles a las voces que señalaron áreas de oportunidad del sistema electoral mexicano, muestra de ello son las re...

La labor en materia político-electoral que desde 1996 hasta ahora han realizado las autoridades jurisdiccionales y administrativas ha sido de suma relevancia para la democracia mexicana. También, en ese sentido, debemos mencionar a los legisladores federales, pues han sido sensibles a las voces que señalaron áreas de oportunidad del sistema electoral mexicano, muestra de ello son las reformas político-electorales de 2007, 2013 y 2014. Todos estos avances representan adelantos significativos que son de aplaudirse; pero no es un trabajo terminado pues las sociedades se transforman, y con ello, deben transformarse también las leyes.

Actualmente el contexto social, político, electoral y tecnológico de México es muy diferente al de 1996, por tanto, los retos a los que nos enfrentamos son otros.

Uno de los retos de la justicia electoral en México tiene que ver con la paridad de género. En 2015 la Sala Regional con sede en el entonces Distrito Federal, dictó una sentencia que confirmó la resolución del Tribunal Electoral del Estado de Morelos para establecer así la validez de la paridad horizontal.

Sin embargo, la paridad horizontal y vertical no son suficientes. Estamos sumidos en una práctica patriarcal y machista que postula a mujeres para los municipios y distritos de menor relevancia política y económica.

Por tal motivo, debemos transitar hacia un marco normativo que obligue a los partidos a postular candidatos y candidatas de manera alternada por género en cada elección de diputaciones, ayuntamientos y gubernaturas.

Un segundo reto tiene que ver con el procedimiento especial sancionador. En la sentencia SUP-RAP-17/2006 la Sala Superior sentó las bases de dicho procedimiento, concibiéndolo como sumarísimo y con el objeto de corregir las irregularidades que suceden durante un proceso electoral. En este rubro es necesario establecer sanciones más severas; pues muchas se limitan a imponer una multa o hacer un llamado de atención, de ello resulta que: el beneficio que trae transgredir la ley es mayúsculo en relación con el perjuicio que trae la sanción que se impone. Precisamos pues, sanciones enérgicas que realmente persuadan a los actores políticos de respetar las reglas del juego.

El tercer reto de la justicia electoral mexicana es el de transitar al voto electrónico. Ya no estamos en 1996, cuando existía un partido hegemónico y el secretario de gobernación se involucraba abiertamente en las elecciones; aunque, ciertamente, tampoco estamos viviendo una época en la que se tenga plena confianza en el INE, la autoridad encargada de realizar las elecciones, y la polarización que día a día se construye en torno a este organismo autónomo no suma a la democracia.

Por otro lado, el impacto ecológico que tiene la impresión de millones de boletas que después son destruidas, hace necesario que transitemos hacia modelos de votación que busquen preservar el medio ambiente, a la vez que tengamos elecciones más económicas.

Este último reto es mayúsculo y supera a los demás, pues no estamos hablando de regular un procedimiento o de instaurar reglas a los partidos; sino de generar confianza en la ciudadanía. En efecto, el problema no es instaurar el voto electrónico, sino el de generar certidumbre en el voto electrónico, pero ¿Cómo hacerlo si nuestra historia está plagada de fraudes electorales? La respuesta que yo concibo puede sonar tautológica: no podremos generar confianza en el voto electrónico sino se instaura.

Quizá la respuesta sea implementar el sufragio electrónico de manera gradual en ejercicios democráticos que convocan a pocos votantes. Por ejemplo, que se haga obligatorio para las consultas populares y plebiscitos. Posteriormente, que se instaure en todas las legislaturas de los estados, así como en los ayuntamientos, ello con el fin de que la población empiece a tener un acercamiento al voto electrónico.

 

Irving Olvera Valdez, abogado, estudió la maestría en derecho electoral en la EJE

 

La ilustración que acompaña a este texto es la fotografía de una máquina Votronic. Es de la autoría de Douglas W. Jones y se reproduce con una licencia CC0 1.0 Universal Public Domain Dedication de Creative Commons.

 

Bibliografía:

 

SDF-JRC-17/2015. Actor: PAN, PRD y Socialdemócrata de Morelos. Autoridad Responsable: Tribunal Electoral del Estado de Morelos. Terceros Interesados: Gisela Raquel Mota Ocampo y María Isabel Rodríguez Gómez. En el caso Paridad horizontal.

SUP-RAP-17/2006. Actor: Coalición “por el bien de todos”. Autoridad Responsable: Consejo General del Instituto Federal Electoral. 2006. México: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Fecha de publicacion: 9 de abril de 2021 11:31:00 hrs.

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Mujeres y poder: un manifiesto

Patricia Lozano Sanabria
IEEM

Mary Beard (Inglaterra, 1955) se ha ganado a pulso una imagen tan polémica como erudita. La historiadora está presente tanto en las aulas de Cambridge como en las redes sociales, pasando por numerosos libros y ensayos, hasta programas de la BBC. La ganadora del premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales es considerada una de las mayores especialistas en los estudios de la antigüedad cl&aac...

Mary Beard (Inglaterra, 1955) se ha ganado a pulso una imagen tan polémica como erudita. La historiadora está presente tanto en las aulas de Cambridge como en las redes sociales, pasando por numerosos libros y ensayos, hasta programas de la BBC. La ganadora del premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales es considerada una de las mayores especialistas en los estudios de la antigüedad clásica y un ícono actual del movimiento feminista.

En una de sus disertaciones más recientes, Mujeres y Poder. Un manifiesto (Crítica, 2018), la historiadora nos ofrece su visión de cómo, a través de la historia, se ha intentado silenciar el discurso de las mujeres, al tiempo que su papel en las representaciones del poder generalmente se ha usado para describir la ausencia de éste. Destaca que el modelo cultural y mental de persona poderosa sigue siendo, irrevocablemente, masculino.

Escrito antes de que el movimiento #MeToo irrumpiera a nivel mundial y se convirtiera en el hashtag más famoso, y que la violación y acoso sexual sufrido por miles de mujeres alrededor del mundo se pusiera en el centro del debate, el libro de Beard ya anunciaba que el silencio no sería una opción frente a estos abusos. Lejos de perder vigencia, con el paso de breves, pero decisivos años para el feminismo, su argumentación cobra relevancia hoy cuando en latitudes “periféricas”, como América Latina, las mujeres nos hemos unido para alzar la voz y ser protagonistas del cambio social.

A través de un recorrido histórico, tomando como puntos de referencia personajes como Penélope, Medusa y Atenea, o hasta Ángela Merkel, Theresa May y Hillary Clinton, Beard despliega un interesante análisis en torno a los fundamentos culturales de la misoginia y la relación entre las mujeres y el poder. Utilizando experiencias propias sobre agresiones de género y sexismo, plantea la necesidad de redefinir no solo el concepto mismo de poder, alejándolo de atributos identificados con lo masculino, sino también sus estructuras. Solo así, redefiniento los fundamentos de un concepto toral para el orden político, se podrá garantizar que las mujeres reivindiquen su rol sin miedo, superando el silencio impuesto por una sociedad que las ha oprimido.

Con su propio lugar entre la literatura feminista, Mujeres y Poder. Un manifiesto no niega que en la actualidad existen más mujeres en espacios de poder y decisión. Lo que en todo caso subraya, es ese patrón cultural que insiste en ver a las mujeres como extrañas en una escena dominada por las masculinidades; como una suerte de usurpadoras que arrebatan espacios de poder que pertenecen, por derecho y tradición, a los hombres; o bien, como invitadas a la mesa donde suceden las decisiones, en la que tienen permitido ver, pero no opinar.

Para ilustrar lo anterior, Beard trae a cuento el irónico ejemplo de la señorita Triggs, caricaturización de una mujer presente en una mesa de trabajo dominada por caballeros que, al escuchar su atinada opinión, solicitan que un varón apruebe y ejecute tal idea. No por nada, el relato nos recuerda cómo, al momento de calificar una idea como buena o mala, el género ha jugado históricamente un papel no contingente sino toral: una idea brillante solo es tal cuando procede de un hombre. 

Normalizar la exclusión y la violencia contra la mujer no es, entonces, un asunto contemporáneo. Sus raíces son tan profundas como extensas. Callar a la mujer ha sido una constante incluso ahí, entre las sociedades más ilustres y civilizadas. La plaza pública, el ágora, la guerra y la paz han sido asuntos de vital trascendencia reservados, por derecho divino o tradición humana, a los hombres. Ante ello, la mirada de una especialista en historia, como Mary Beard, nos provoca cuestionamientos sobre los fundamentos mismos de cuestiones como el poder, las condiciones del acceso femenino a éste y las estructuras que lo mantienen en pie. Su obra insiste en que el poder debe verse como un atributo y no como una propiedad.

Desde la reprimenda de Telémaco a Penélope cuando se atreve a hablar en público, parece que aún estamos ante una exclusión de las mujeres en el discurso político y se perciben, todavía, como elementos ajenos al poder. Tiene mucha razón Mary Beard al sostener que ya es prudente desmontar el concepto de liderazgo.

 

Patricia Lozano Sanabria, Consejera Electoral del Instituto Electoral del Estado de México, académica de la Licenciatura en Derecho en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM.

 

La imagen que acompaña a esta entrada es una fotografía de Mary Beard en Roma, Italia. La autoría es de Tristan Ferne y se reproduce con una licencia Attribution 2.0 Generic de Creative Commons.

Fecha de publicacion: 8 de abril de 2021 10:00:00 hrs.

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Perspectiva del derecho constitucional y el derecho internacional

Eréndira Nohemí Ramos Vázquez
TEPJF

En América Latina, la visión contemporánea de la relación entre el orden jurídico nacional e internacional se puede proyectar a través de tres grandes paradigmas. El primero lo encontramos con la superación de las teorías tradicionales del monismo y dualismo, fuertemente cuestionadas por la realidad imperante. Se ha constatado que sus argumentos son limitados...

En América Latina, la visión contemporánea de la relación entre el orden jurídico nacional e internacional se puede proyectar a través de tres grandes paradigmas. El primero lo encontramos con la superación de las teorías tradicionales del monismo y dualismo, fuertemente cuestionadas por la realidad imperante. Se ha constatado que sus argumentos son limitados, dejan sin contestar importantes cuestionamientos y sus planteamientos no se relacionan con el debate teórico actual.  Así pues, tanto en la teoría como en la práctica se ha demostrado que existen áreas del derecho internacional de los derechos humanos que desafían la férrea separación entre los asuntos que pertenecerían estrictamente al ámbito de lo nacional o de lo internacional, ya que ambos tienen como misión la protección de la dignidad humana y pretenden la consolidación de un sistema jurídico más justo y humano.

El segundo se hace ver en el nuevo panorama jurídico-político que tiene como eje central una nueva concepción de la soberanía por parte de los estados. Se superó la concepción tradicional que era entendida como potestad indivisible, último e ilimitado para ejercer poder sobre un territorio determinado sin permitir intrusiones del exterior. Con ello también se deja atrás al estado cerrado e individualista y se confirma la ausencia de lo que otrora fuera su carácter omnicomprensivo en el contexto del derecho internacional. La soberanía no desaparece, sino que es un concepto que se ha ajustado a la dinámica internacional de nuestro tiempo; es decir, a la permeabilidad de los sistemas nacionales al derecho internacional de los derechos humanos.

El tercero se hace patente en el constante fortalecimiento y pertinencia del pluralismo normativo. En él coexisten un conjunto de ordenamientos jurídicos que crean una constelación normativa que impulsa nuevos planteamientos sobre la relación entre los diferentes sistemas jurídicos debido a sus interacciones, así como la superación de la jerarquía a través de la pirámide kelseniana convertida en nuestros días en un trapecio. Con ello se da nacimiento a una nueva dogmática que tiene su cimiento en un sistema jurídico plural en el que se conectan principios y normas de los órdenes supranacional, internacional y nacional.

La consecuencia natural de la integración de los tres paradigmas da lugar a la recepción del derecho internacional de los derechos humanos en el derecho interno. En el caso latinoamericano se trata de una internacionalización muy específica: la recepción constitucional del derecho internacional de los derechos humanos, y más aún, al derecho interamericano de los derechos humanos. Dicho proceso se ha enfocado en el reconocimiento de tales tratados internacionales a nivel constitucional, con primacía sobre las leyes o incluso sobre las constituciones a través de cláusulas de apertura; igualmente, en la interpretación del derecho doméstico a la luz de los derechos humanos de fuente internacional.

De tal recepción normativa, a su vez se derivan expresiones jurídicas de gran calado. Primero, la creación de cláusulas constitucionales de apertura al derecho internacional; segundo, la creación de organismos supranacionales de supervisión de tratados; tercero, la generación del bloque de constitucionalidad, y, cuarto, la instauración de mecanismos internos de control, tales como el de constitucionalidad y convencionalidad. Todo ello conforma una realidad normativa sin precedentes en la región latinoamericana. Se puede hablar de una fertilización cruzada que estimula la internacionalización del derecho constitucional y la constitucionalización del derecho internacional. Además, a raíz de una perspectiva antropocéntrica enfocada en los derechos humanos, la relación entre ambos sistemas jurídicos es enteramente estrecha e invariablemente interdependiente. Por lo que el diálogo e integración entre los dos sistemas crea consecuencias complejas que resulta conveniente analizar acuciosa e intensamente.

 

Eréndira Nohemí Ramos Vázquez, asesora del TEPJF, es abogada experta en derecho internacional de los derechos humanos y sistema interamericano. Otra versión de este texto aparecerá en Paréntesis legal.

 

La ilustración que acompaña a esta entrada es un mapamundi en blanco, autoría de Fobos92, reproducido con una licencia Genérica de Atribución/Compartir-Igual 3.0 Creative Commons.

 

Fecha de publicacion: 7 de abril de 2021 10:00:00 hrs.

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El mísero detalle técnico y la salud de la democracia (iniciando la Travesía cívica)

Carlos González Martínez
Invitado

Hace casi un siglo, el reconocido filósofo español José Ortega y Gasset publicó, en su celebre libro La rebelión de las masas (1930), la siguiente convicción histórica: “La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral”. ¡Cuá...

Hace casi un siglo, el reconocido filósofo español José Ortega y Gasset publicó, en su celebre libro La rebelión de las masas (1930), la siguiente convicción histórica: “La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral”.

¡Cuánta razón en esta frase que hoy cobra tanta vigencia! Y la tiene y cobra por y en sus cuatro componentes fundamentales, a saber:

  1. La democracia tiene salud,
  2. la democracia se materializa en distintos tipos y grados,
  3. la salud de la democracia depende del procedimiento electoral, y
  4. el procedimiento electoral es un mísero detalle técnico.

Buenas coordenadas para iniciar con agradecimiento y entusiasmo mi colaboración con Axis, misma que tomará cobijo en la columna que nombraremos como Travesía cívica porque ello procurará en medio del maremágnum con que las coyunturas electorales, ciudadanas y cívico culturales se nos presentan en el pandémico momento actual mexicano y del mundo. Comencemos.

La democracia tiene salud

Primera idea: la democracia tiene salud. Por lo tanto, la democracia puede gozar de cabal salud o, por el contrario, puede no gozar de cabal salud: estar enferma e incluso morir. Las democracias nacen y se desarrollan históricamente, y no son eternas.

Bien lo dijo Winston Churchill: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”… pero no es eterno, es una construcción histórica que puede ser sucedida por otras que incluso le hayan precedido y sean simple y llanamente su antítesis, o sea: antidemocráticas. Y lo más importante: de nosotros y nosotras, las personas demócratas, depende que se mantenga saludable y en expansión.

La democracia se materializa en distintos tipos y grados

Para decirlo en mexicano: en la democracia hay de chile, de mole y de manteca. Hay, por lo menos, distintos tipos de democracia parlamentaria, presidencialista, con elecciones directas o indirectas, de mayoría relativa o de representación proporcional o con combinaciones diversas de todo ello. En fin: muy distintos tipos de democracias. Sus grados también varían y ahora se modulan básicamente en la coexistencia de formas de democracia representativa, participativa y directa. La democracia, que siempre es pluralista, como hace años insistía el gran Carlos Pereyra, también es plural: tiene distintos tipos y grados, como también bien decía Ortega y Gasset.

La salud de la democracia depende del procedimiento electoral

Por una razón muy sencilla: las elecciones son la fuente de legitimidad de toda democracia moderna y posible, siempre representativa, política, formal y pluralista (otra vez, Carlos Pereyra dixit). En efecto, el procedimiento electoral es el momento excelso de democracia directa (el poder del pueblo) en una democracia representativa (el gobierno del pueblo). El voto popular, cimentado en el sufragio individual bajo el principio procedimental de una persona un voto, se conforma efectivamente como expresión de lo que suele llamarse la voluntad general y materializa, hace concreta y real, al concepto de soberanía, tan espléndida y radicalmente sintetizado en el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

El procedimiento electoral es un mísero detalle técnico.

Y, sin embargo, las elecciones son sólo eso: elecciones. En ellas no se inventa, ni se destruye un país, ni su pasado, presente o futuro. Sólo se eligen autoridades. Ni más, pero tampoco ni menos. La discusión y las disputas por la Nación (ahora Carlos Tello y Rolando Cordera dixit) está en otra parte: más en las decisiones legislativas, de gobierno y, sobre todo, en el empuje que la sociedad (antes decíamos “el pueblo”), lo sepa o no, hace por cambiar y mejorar (aunque también para empeorar) las cosas.

Las elecciones son, ciertamente, sólo un mísero detalle técnico. La gente va y vota. Luego una autoridad del Estado da a conocer los resultados y las personas electas toman posesión de sus cargos. Punto. Simple. Un mísero detalle técnico ése de convertir votos en escaños y cargos. Por eso, la democracia electoral es tan barata. Lo caro es la desconfianza (ya escribiremos de ello más adelante).

Lo que pasa es que en México no creemos que sea sólo un mísero detalle técnico, porque hemos trasladado nuestra cosmovisión prehispánica del fuego nuevo de cada 52 años a las elecciones de cada 3 y 6 años. Pero eso no es así. Las elecciones son un mísero y barato detalle técnico que hemos vuelto tremendamente complejo y caro porque aquí enredamos hasta el queso, como en Oaxaca.

Como aquí cambiamos políticamente al país votando (la transición votada de la que escribió Mauricio Merino) y no esperando a que muriera el dictador, como Francisco Franco en España, o a echarlo mediante un plebiscito, como en Chile a Pinochet, o a que los coroneles se sublevaran, como en la Revolución de los Claveles de Portugal, pues pensamos que las elecciones son mucho más que el mísero detalle técnico del que, ciertamente, depende la salud de nuestra democracia. ¡Y miren que no es poca cosa!

Bien, pues en esta convicción histórica del célebre Ortega y Gasset se fija la rosa de los vientos y la carta de navegación de la Travesía cívica que ahora iniciamos gracias a la generosidad de la Escuela Judicial Electoral del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Bienvenidos, bienvenidas.

 

Carlos González Martínez es profesor, activista y consultor en construcción de ciudadanía y elecciones

 

La ilustración que acompaña a esta entrada es un retrato de José Ortega y Gasset.

Fecha de publicacion: 6 de abril de 2021 10:00:00 hrs.

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Dilemas de un naufragio

Alejandra Tello Mendoza
EJE

Sintió que regresaba a la vida después de vomitar toda el agua que había tragado. Ana y otros veinticinco sobrevivientes caminaban mareados por la playa en búsqueda de un refugio contra el ardiente y penetrante sol. No podía creer que así terminaba su luna de miel por el Caribe. Miguel no había sobrevivido, ella atestiguó como se ahogaba antes de perder el co...

Sintió que regresaba a la vida después de vomitar toda el agua que había tragado. Ana y otros veinticinco sobrevivientes caminaban mareados por la playa en búsqueda de un refugio contra el ardiente y penetrante sol. No podía creer que así terminaba su luna de miel por el Caribe. Miguel no había sobrevivido, ella atestiguó como se ahogaba antes de perder el conocimiento. No podía dejar de sollozar. Le regresaba una y otra vez el doloroso arrepentimiento de no haberle dicho que esperaban un hijo. ¿Qué sería de su vida sin él?  ¿Cómo daría a luz en una inhóspita isla? Se consolaba pensando que muy pronto los rescatarían y que podría despedirlo solemnemente.

Pasaron los días y nadie llegaba en su auxilio. Entre las primeras acciones que emprendieron fue organizarse en grupos para explorar la isla, recolectar alimentos y construir algunas chozas. Al parecer eran los únicos humanos a la redonda. En cuanto a las chozas, las armaron muy rústicamente, estaban convencidos de que pronto regresarían a casa. Nadie pensó que su estancia se prolongaría tanto tiempo. A las tres semanas empezaron a perder la fe.

La angustia de Ana crecía cada día. Apenas tenía dos meses de embarazo y se sentía aterrada de traer sola al mundo a un nuevo ser y en esas circunstancias. Por fortuna o gracia divina, Sol, la enfermera del crucero, estaba ahí. Cuando revisó a cada uno de los náufragos, Ana pudo al fin compartir con alguien su estado de gravidez. Sol le pidió que no se preocupara, ella había asistido varios partos y se sentía capaz de ayudarla en caso de que permanecieran ahí de manera prolongada. Lo más importante era cuidar de su embarazo. Después de dudar un poco, también le aseguró que podría ayudarla en caso de que decidiera tomar otra decisión, aun estaban a tiempo. Ana rechazó la segunda oferta sin pensarlo, se sintió más segura de tener a su bebé aun en esta trágica situación contando con el acompañamiento y complicidad de Sol. Realmente se sentía muy aliviada de contar con ella. Sin embargo, Pedro y Lucía, un matrimonio que esperaba ser revisado al lado de Ana, habían escuchado toda la conversación.

No habían pasado ni un par de horas cuando todos los náufragos creían que Ana abortaría. ¿Pero cómo vamos a permitir tal cosa? Algunos lo veían desde el punto de vista moral y religioso: ¡No podemos permitir el asesinato de un ser indefenso, va contra las leyes de dios! Otros, desde el práctico: Si nos quedamos por años aquí vamos a necesitar de más población. Algunos otros afirmaban que eso era algo legal en su país y que al final era una decisión completamente personal. Sin embargo, no todos estaban convencidos de lo último y debían hacer algo al respecto.

Pocos días después de que se corriera la voz como un teléfono descompuesto se convocó a una reunión con todos los sobrevivientes. Muchos no sabían que asunto se trataría. Para su sorpresa y la de Ana, no iban a discutir un plan de acción para recolectar alimento, dar mantenimiento a las chozas o pensar en una solución a la falta de agua potable. Tratarían el supuesto asunto del aborto. Ana no cabía del asombro. ¿De dónde demonios habían sacado tan absurda idea y con qué derecho se armaba una asamblea para abordar tan privado tema? Se preguntaba a si misma completamente desconcertada. Estaba a punto de gritar que todo era una confusión, que ella había decidido continuar con su embarazo cuando se dio cuenta de que no tenía porqué dar ninguna explicación de su decisión a nadie ¿Quiénes eran tales personas? ¿Quiénes se estaban creyendo? La mayoría no compartían país ni religión. Algunos ni siquiera hablaban su mismo idioma. En otras palabras, no tenían nada en común más que haber tenido la mala suerte de terminar ahí. Por otro lado, no había ni una sola figura de autoridad, y habiéndola, no podría tener ninguna clase de jurisdicción sobre los asuntos de tan infelices náufragos. Por otro lado, pensaba Ana, no es que estuviera acaparando los peces, los pocos medicamentos disponibles o robando alguna pertenencia. ¿Con qué derecho se asumían con alguna clase de autoridad para cuestionarla de esa manera? Dejó que empezaran a discutir para entender con qué clase de personas estaba tratando y pensar en qué haría para ponerles de una vez por todas un freno a tan vergonzosa e ilegítima intromisión.

Inmediatamente se hicieron dos grupos. Aquellos que pensaban que debía someterse a votación tan difícil cuestión y quienes afirmaban que era una situación que concernía exclusivamente a Ana. La mayoría se impuso, no solo para someter a votación el asunto, sino para decidir que no debía abortar. Impotente, confesó con la voz cortada y llena de lágrimas, que ella nunca había pensado en hacerlo y que todo había sido una confusión. Lamentó el hecho de que se hubiera tratado un asunto tan personal de esa manera sin siquiera haber tenido la amabilidad de consultarle, al menos de avisarle. Aclaró que tendría a su bebé por decisión propia y para mantener el recuerdo de su difunto esposo, pero que su decisión nada tenía que ver con aquella espuria votación. Les advirtió que ella no estaba dispuesta a pedirles permiso sobre ningún asunto de su vida privada. Exhortó a que en tanto fueran rescatados, en esa clase de reuniones solo se deberían tratar, como hasta ese momento, los asuntos que afectaran la sobrevivencia del grupo, y llamó a quienes estuvieran de acuerdo con ella a romper tan ilegítima reunión. Quienes se quedaran estaban concediendo que después una mayoría pudiera decidir sobre los asuntos más privados de cada uno: si podían dormir juntos en las chozas aun sin estar casados, mantener relaciones sexuales, o hasta a qué dios rezarle. Después de oír tan convincentes palabras, muchos se fueron indignados tras de ella. Aquellos que se quedaron celebraron la decisión de Ana de no abortar, no sin un poco de desconcierto; otros se sentían orgullosos de haber tomado cartas en el asunto.

Esa noche algunos no pudieron dormir desconcertados por lo ocurrido. ¿Habían hecho mal? ¿realmente habían tenido derecho a someter a votación tal asunto? ¿Cómo sobrellevarían a partir de entonces la convivencia con los demás? ¿Es necesario fijar límites a la intromisión de los otros? Ideas similares retumbaron toda la noche en la cabeza de Juan y Pablo.  Al día siguiente decidieron no seguir ocultando su relación y se tomaron de la mano mientras se unían al resto del grupo que con júbilo esperaba en la orilla de la playa el barco de rescate que se vislumbraba en el horizonte.

 

Alejandra Tello Mendoza, politóloga de la UNAM, es profesora-investigadora de la EJE

 

La ilustración que acompaña a esta entrada es una fotografía del naufragio del crucero Costa Concordia en la costa de la isla Giglio, Italia. Es autoría de Camerist y se reproduce con una licencia Attribution-Share Alike 4.0 International de Creative Commons.

Fecha de publicacion: 5 de abril de 2021 10:00:00 hrs.